24 nov. 2010

Los peligros del mal periodismo

Una de las deudas pendientes de esta sociedad es que los que se dedican a la difusión de noticias, léase los periodistas, tanto desde TV como desde los diarios, den información veraz. No siempre hemos de confiar en que el público sepa discernir cuándo lo que dicen es verdadero o falso, sino que es el mismo medio de comunicación el que debe comprobarlo. Ya que pretenden que los tomemos en serio, también deberían ser serios a la hora de filtrar lo que es cierto, veraz y probable de lo que no es más que una falsa creencia, una noticia no verificada, un engaño o, hablando en plata, una magufada. Empezando por los horóscopos. Pero estoy pensando en un artículo publicado en el diario La Vanguardia titulado La ciencia debe avanzar para entender los fenómenos paranormales. Que sí, hombre, que sí, que la ciencia debe avanzar hacia lo paranormal. Y ya puestos, quedarnos en el año 1618, que es donde empieza nuestra historia de hoy.

En aquel entonces, a un famoso médico londinense llamado Robert Fludd se le ocurrió una idea. Sabía que los agricultores tenían que llevar el grano a molinos distantes para moler le grano y luego cargar la harina de vuelta a casa. Los molinos aprovechaban una corriente de agua para hacer girar una rueda que era la que molía el grano. Así que se preguntó si no podría hallar un modo de hacer funcionar un molino sin tener que depender de una corriente de agua. La idea era que si podía conseguir que la rueda hidráulica, además de moler el grano, pudiera accionar una bomba para volver a llevar el agua arriba. De ese modo, razonaba, el molino se movería indefinidamente.

Pues bien, como ya habrán sospechado, Fludd fracasó. El concepto de energía o trabajo como cantidad mensurable no aparecería hasta el siglo XVII. Y faltarían otros 200 años para que el defecto de la máquina de Fludd se expresara en una ley fundamental de la Naturaleza: la energía se conserva o Primera Ley de la Termodinámica o el Principio de Conservación de la Energía que, básicamente, nos dice que no se puede conseguir algo a cambio de nada.

No obstante, desde aquella época y durante los 400 años transcurridos desde entonces, cientos de inventores de todo el mundo han intentado vencer a la susodicha Primera Ley de la Termodinámica. En 1911 el comisario de patentes de EEUU estaba tan molesto por el hecho de que la Oficina de Patentes dedicara tanto tiempo a ideas imposibles que dispuso que no se aceptara ninguna solicitud de máquina del movimiento perpetuo hasta que no se hubiera transcurrido un año después de que se depositara un modelo de la máquina real y en funcionamiento en dicha oficina. Así, pareció ponerse fin a las solicitudes de patentes de movimiento perpetuo.

Supongo que habrán pensado que a partir de aquella fecha a nadie se le ocurriría intentar patentar un invento que intentara ir en contra de la ley de la conservación de la Energía, ¿no? Si es así, desprecias la estupidez humana. Y no estoy hablando de hace uno o dos siglos, sino de la década de los 1980. Me refiero a Joseph Newman. Quería patentar un mecanismo que, según afirmaba, podría dar un movimiento perpetuo. Evidentemente, rechazaron la patente. Pero Newman no se quedó atrás y llevó el caso a los tribunales. El juez Thomas Penfield Jackson, del Tribunal del Distrito de Columbia, reconociendo sus limitaciones técnicas, remitió el asunto a un experto en la materia, un ingeniero electrónico y excomisario de patentes llamado William E. Schuyler Jr. En un informe entregado en septiembre de 1984 concluía increíblemente que las evidencias demostraban de manera abrumadora que la salida de la máquina energética de Newman era mayor que la energía de entrada.

Aun así, el juez Jackson no quedó convencido. Fiándose de su propio sentido común se puso a estudiar algo de física. Ocho meses después afirmó que el informe de Schuyler estaba claramente equivocado. Para respaldar su postura apeló a las leyes de la Termodinámica y a un informe de la Universidad Pública de Mississipí. Armado con estas evidencias desestimó el informe de Schuyler y ordenó a Newman que entregara su máquina energética a la Oficina Nacional de Normalización (NBS), probablemente el laboratorio más fidedigno de todo el país, para que la sometieran a prueba.

Varios miembros del Congreso se mostraron aparentemente de acuerdo, pero el diputado Bob Livingston (senador republicano por Luisiana), puso en circulación un informe de que aquello era un abuso de poder, concluyendo que Newman había sido objeto de un tratamiento injusto y arbitrario. En 1986, el mismo Newman se opuso ferozmente a la orden judicial que le obligaba a entregar su máquina energética a la NBS y trató de obstruir la realización de la prueba. Los físicos de la NBS le sugirieron que conectara la salida a la entrada de su propia máquina, pues si realmente funcionara, sería capaz de trabajar sin necesidad de fuente de energía.

Durante la audiencia en el Senado, Newman desafió a cualquier doctor en física que quisiera debatir con él. Los que habían allí no eran científicos, salvo uno de ellos: John Glenn, entonces senador por Ohio, antiguo astronauta y un auténtico héroe americano. Su voz era tranquila, la propia del piloto de pruebas y del astronauta, controlando siempre sus emociones. Admitió que no era doctor en física, pero que probablemente tenía los conocimientos técnicos necesarios para el debate.

- Se trata de un problema bastante sencillo. Se mide la energía de entrada y de salida, y se mira cuál de las dos es mayor ¿Estaría el señor Newman de acuerdo con esto? Si lo está, ¿qué laboratorio le gustaría que hiciera las mediciones?

Fue la primera vez que Newman se quedó sin habla. Le había puesto en un aprieto. Finalmente, Newman afirmó que se oponía a cualquier prueba realizada por cualquier laboratorio, dado que ello constituiría una afrenta a los científicos que ya habían respaldado su máquina.

Un miembro del comité le pasó una nota al senador Glenn. Echó un vistazo a la nota y, a continuación, formuló otra pregunta a Newman:

- ¿Conocía Newman a Schuyler con anterioridad al juicio?

La sala quedó en silencio. ¿Qué había detrás de la pregunta de Glenn?

El informe de Schuyler, el ingeniero que había visto viable la máquina de Newman, constituía el aspecto más problemático de todo aquel asunto. Si existía algún vínculo entre Newman y Schuyler echaría por tierra el argumento de que el juez Jackson le había tratado injustamente.

- ¿No es cierto -presionó Glenn- que en una ocasión la empresa de patentes de Schuyler representó a Newman?

- Sí, pero el señor Schuyler no me conocía personalmente.

Por la sala se escuchó una especie de suspiro colectivo. Newman quiso defenderse:

- Ya veo a dónde quiere ir a parar, senador. No tengo nada que ocultar. Míreme a los ojos, y verá que no pestañeo.

- Tampoco yo pestañeo -respondió Glenn con voz tranquila.

Resulta que un avispado miembro del personal del Senado, revisando una montaña de documentos relacionados con el caso Newman, había descubierto en nombre de Schuyler en el membrete de la carta de una empresa de patentes que había representado a Newman en un invento anterior. La gente empezó a abandonar la sala. Finalmente, no se patentó la máquina de Newman.

La gran ironía es que no había sido la Primera Ley de la Termodinámica la que derribó la máquina de Newman, sino la pericia de un hábil senador que había sido astronauta. Por supuesto, Newman siguió afirmando que su máquina funcionaba y que todo era una conspiración en contra de su idea.

La línea entre la locura y el fraude es muy delgada y difusa, y no siempre es fácil saber cuándo se cruza.

¿Y qué relación tiene todo esto con el mal periodismo? Pues que no hará muchos años hubo una conferencia en la cual se analizaba, entre otras cosas, los medios de comunicación como transmisores de la información científica. Uno de los conferenciantes relató la noticia difundida por un programa de TV en el que se presentaba a alguien que afirmaba haber obtenido lo mismo que Newman: un aparato que obtenía energía de la nada. Se hablaba de que el programa se divulgó sin ninguna explicación, sin nadie que hiciera un esfuerzo para señalar que la existencia de dicho dispositivo era, sencillamente, imposible.

Un periodista de entre el público encontró el asunto divertido y pensando que se estaba haciendo una montaña de un grano de arena dijo:

- Y bien, ¿qué daño hace? Los periodistas simplemente informan sobre lo que alguien dice haber hecho y, si no es verdad, ¿qué? ¡Nadie sale perjudicado!

Sucede que justo detrás de él estaba Isaac Asimov, quien se inclinó hacia delante y le dijo:

¿Realmente no ve el daño que produce? El mundo se encuentra actualmente sumergido en una crisis energética. La disponibilidad de la energía está disminuyendo año tras año, su precio aumenta año tras año y, como resultado de todo ello, las bases de la civilización se van debilitando año tras año. Si la civilización quiere sobrevivir, la humanidad deberá tomas resoluciones difíciles y adoptar medidas energéticas lo antes posible. No podemos continuar desperdiciando energía. Debemos desarrollar fuentes alternativas. No podemos seguir mostrándonos tan descuidados con el problema.

Entonces, algún periodista cuenta a diez millones de personas que alguien afirma que la energía puede ser obtenida de la nada. Deja al público con la impresión de que, dado que podemos obtener energía de la nada, no hay crisis energética y que, por lo tanto, no debe tomarse ninguna decisión difícil ni adoptarse ninguna medida energética. Esto podría simplemente crear la cantidad necesaria de imprudencia como para impedir que la humanidad resuelva este problema de vida o muerte. Por lo tanto, hará que la civilización se derrumbe. ¡Y usted pregunta qué daño podrá hacer!

Y en palabras del mismo maestro Asimov:

¿Existe algún crimen mayor que el de instruir de forma deliberada y errónea al público acerca de la ciencia, el de engañarlo deliberadamente, el de defraudarlo y el de alimentar y estimular su ignorancia?



Fuentes:

“Ciencia o vudú”, Robert L. Park
“Fraudes paranormales”, James Randi

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