28 dic. 2010

¡Feliz día del escepticismo!


Tomado de: Historias de la Ciencia.

Hoy día 20 de diciembre, hace 14 años que murió Carl Sagan. Todavía recuerdo cuando lo vi en una nota de un diario y exclamé un sonoro ¡ostraaaaaassss! Y qué os voy a explicar de él que no sepáis ya. Desde el blog Proyecto Sandía” me propusieron el año pasado hacer un post el mismo 20 de diciembre para desear a todo el mundo un “Feliz Día del Escepticismo“. No lo hice, pero este año me lo han vuelto a proponer y he aceptado. Y lo haré, una vez más, con textos de aquí y de allí para acabar con unos párrafos del amigo Carl Sagan. Ahí va mi granito de arena a favor del escepticismo y en recuerdo de Carl Sagan, que tanto nos enseñó sobre ello.

[Los parapsicólogos] sostienen que, si el experimentador es escéptico, o bien, si hay escépticos presentes, entonces el escepticismo inhibe el delicado funcionamiento de lo PSI. Y como dicen que estas fuerzas son independientes de la distancia y el tiempo, me extraña que los parapsicólogos no hayan atribuido aún el fracaso de alguna repetición a alguien que, a mil kilómetros de distancia y con una semana de antelación, hubiera dudado del éxito del experimento). Yo lo llamo su Trampa 22.

La Trampa 22 coloca a los escépticos en una posición única en los anales de la ciencia. Un escéptico no tiene manera alguna de refutar el ESP o la TQ de forma que convenza a un creyente. De ahí que nos enfrentemos a la triste perspectiva de que los próximos cincuenta años de investigación psíquica serán exactamente iguales que los que acabamos de pasar.

La Trampa 22 es sólo una de las muchas excusas que se invocan constantemente para explicar los fracasos de la repetición de experimentos. El sujeto tenía dolor de cabeza o sufría trastornos emocionales, las condiciones del laboratorio no eran lo suficientemente relajadas, había una incompatibilidad de personalidades entre el sujeto y el experimentador, los aparatos de medida hicieron un ruido que distrajo su atención, el experimento era demasiado complicado, hacía demasiado frío o demasiado calor, el sujeto (por alguna razón misteriosa que se da frecuentemente) perdió las capacidades que tenía antes, etc.

“Los porqués de un escriba fiósofo”, Martin Gardner



“La bellaquería y la locura humanas son fenómenos tan comunes que yo me inclinaría más a creer que la mayoría de acontecimientos extraordinarios son fruto de su concurrencia, que a admitir que ponen de manifiesto una violación de las leyes de la naturaleza

David Hume


Cuando un creacionista tiene un hijo enfermo acude al médico. Si el mundo estuviera organizado conforme a su credo, el instrumental y las medicinas necesarias para atenderle no existirían, ya que la medicina no habría podido desarrollarse al estar prohibida la biología fundamental, firme defensora de la Teoría de la Evolución. El creacionismo, llevado a las últimas consecuencias, implica acabar con todas las disciplinas científicas. Sin embargo, es muy poco probable que sus partidarios obren de mala fe. Más bien, ignoran las consecuencias últimas de su postura. Quizás cambiasen de opinión si supiesen que, gracias a la ciencia, han podido erigir sus templos sin que se les caigan encima.

La batalla contra la mentira requiere ante todo una defensa a ultranza de la racionalidad y la independencia de criterio. No cabe duda de que los científicos se encuentran en la primera línea, pero nosotros, los ciudadanos de a pie, nos encontramos inmediatamente después. Si fracasamos, estamos condenados al oscurantismo.

A lo largo de este nuevo siglo, el impacto de la ciencia sobre nuestras vidas será mucho mayor de lo que hemos experimentado hasta el momento, de ahí que su manipulación y tergiversación sea tan peligrosa. Las líneas se han trazado con toda claridad y no dan lugar a ninguna duda: o se está a favor de la ciencia o se está en su contra. ¿Quiénes se atreverán a luchar contra el conocimiento en una época en que la ciencia y la tecnología poseen una influencia tan grande? Como siempre, los principales enemigos se encuentran en grupos e instituciones cuyo poder consideren en peligro. Todos podemos hacernos una idea de quiénes se trata.

La ciencia es la única empresa humana que nos brinda la posibilidad de controlar nuestro propio destino. Corromperla supone echar por tierra nuestra capacidad racional y, en definitiva, regresar a un estadio evolutivo anterior. Si nos arrebatan las evidencias que nos ayudan a comprender mejor la realidad que nos rodea, nuestra existencia carecerá de sentido y nos veremos abocados a una larga y desesperada agonía.

Por desgracia, la pseudociencia es algo más que el precio que debemos pagar por vivir en una sociedad libre; es un cáncer que pudre los cimientos de nuestra convivencia y que debemos combatir en todo momento. Si no lo hacemos, es muy probable que tarde o temprano nos enfrentemos a grandes calamidades de las que no saldremos indemnes. La historia nos ha enseñado que la verdad es siempre la antesala de la libertad. ¿Qué otra cosa puede ofrecernos la mentira sino la esclavitud?

“Las mentiras de la ciencia”, Dan Agin



Finalmente, os dejo con unos párrafos que ya han salido en este blog alguna vez. Pero vale la pena volverlos a leer.


Me gustaría creer que cuando muera seguiré viviendo, que alguna parte de mí continuará pensando, sintiendo y recordando. Sin embargo, a pesar de lo mucho que quisiera creerlo y de las antiguas tradiciones culturales de todo el mundo que afirman la existencia de otra vida, nada me indica que tal aseveración pueda ser algo más que un anhelo.

Deseo realmente envejecer junto a Annie, mi mujer, a quien tanto quiero. Deseo ver crecer a mis hijos pequeños y desempeñar un papel en el desarrollo de su carácter y de su intelecto. Deseo conocer a nietos todavía no concebidos. Hay problemas científicos de cuyo desenlace ansío ser testigo, como la exploración de muchos de los mundos de nuestro sistema solar y la búsqueda de vida fuera de nuestro planeta. Deseo saber cómo se desenvolverán algunas grandes tendencias de la historia humana, tanto esperanzadoras como inquietantes: los peligros y promesas de nuestra tecnología, por ejemplo, la emancipación de las mujeres, la creciente ascensión política, económica y tecnológica de China, el vuelo interestelar.



De haber otra vida, fuera cual fuere el momento de mi muerte, podría satisfacer la mayor parte de estos deseos y anhelos, pero si la muerte es sólo dormir, sin soñar ni despertar, se trata de una vana esperanza. Tal vez esta perspectiva me haya proporcionado una pequeña motivación adicional para seguir con vida. El mundo es tan exquisito, posee tanto amor y tal hondura moral, que no hay motivo para engañarnos con bellas historias respaldadas por escasas evidencias. Me parece mucho mejor mirar cara a cara la Muerte en nuestra vulnerabilidad y agradecer cada día las oportunidades breves y magníficas que brinda la vida.

“Miles de millones”, Carl Sagan y Ann Druyan




¡Cómo te echamos de menos!

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