28 dic. 2010

[Libro] ¿Cómo habla Dios?

Por: Omalaled

He leído este libro porque un lector del blog me lo recomendó. Su autor es Francis Collins, famoso por haber sido el director del Proyecto Genoma Humano. Muchos de los que somos amantes de la ciencia tenemos un fortísimo escepticismo ante las creencias infundadas, entre las que incluimos la religión, y afirmamos que las visiones religiosa y científica no son compatibles. Francis Collins no es de ese parecer y afirma que ambas visiones de la vida, la científica y la religiosa, son compatibles. El autor, de hecho, se declara científico y creyente y en este libro analiza su visión de la religión y la ciencia. Os paso a hacer el habitual resumen.

Para el autor el dominio de la ciencia está en la exploración de la Naturaleza y el de Dios es el mundo espiritual y no debe examinarse con el método científico, sino con corazón, la mente y el alma. La ciencia no tiene capacidad para responder cuestiones como ¿por qué el mundo llegó a existir? ¿cuál es el significado de la vida humana? ¿qué sucede después de la muerte?

A lo largo del libro proporciona dos pruebas de la existencia de Dios. La primera parte de un libro que le ha influenciado mucho titulado “Mero cristianismo”, de C.S. Lewis. En él se afirma que el Homo sapiens es el único que conoce el concepto de lo correcto y lo incorrecto y que eso es como una ley, como la de la relatividad o la de la gravedad. Pues bien, para el autor, esa ley es una prueba de la existencia de Dios. Aunque otros animales tengan un destello de moralidad, en realidad, es un tema totalmente humano. Dice que continuamente se discute si esto es éticamente bueno o no (incluido el estudio en células madre humanas). Pero digan lo que diga, todos apelan a una “ley de la conducta recta” o “ley moral” y hace alusiones al altruismo de personas como Oskar Schlinder o la Madre Teresa. La segunda y última “prueba” que da sobre la existencia de Dios es el principio antropocéntrico. El hecho de que las constantes fundamentales de la Naturaleza tengan los valores que tienen para que hagan el Universo sea posible son muy improbables. Y, claro está: es Dios quien las ha puesto así.

La búsqueda de Dios no debe buscarse en aquellos “vacíos” que la ciencia puede llenar en cualquier momento. Por ejemplo, no hay que buscarlo en el origen de la vida, porque si la ciencia demostrara el día de mañana que es una consecuencia de las leyes ya conocidas, tendría que apartarse a Dios de las explicaciones como ya ha sucedido muchas veces en la historia. Cada vez que se ha puesto a Dios en uno de esos espacios y luego la ciencia ha acabado apartándolo le ha hecho mucho daño a la religión, así que hay que buscar esos espacios en los que la ciencia no pueda entrar. Una cosa es un misterio actual y otra afirmar que la ciencia nunca lo resolverá. Por ejemplo, discrepa de Stephen Jay Gould cuando asociaba a la explosión cámbrica el toque divino, ya que hay otras muchas formas de explicarla con métodos no sobrenaturales.

Mientras que Juan Pablo II había dicho que la evolución era “algo más que una hipótesis”, el cardenal católico de Viena Christoph Schönborn, poco después de la muerte del citado Papa, decía que se trataba de una carta más bien vaga y que se debía dar una consideración más seria al Diseño Inteligente. Para Collins, ese Dios es el que rellena los vacíos.

El autor afirma tener “experiencias espirituales”. En 1992 James Watson abandonó el Proyecto Genoma Humano tras una fuerte discusión en público con el director de los Institutos Nacionales de Salud sobre patentar segmentos de ADN, a lo que Watson se oponía. Tras ello hubo una intensa búsqueda le ofrecieron el puesto ya que en aquel momento era director de un centro de genoma en la Universidad de Michigan. Según dice, pasó una larga tarde orando en una capillita. Dice que no “escuchó a Dios”, pero “sintió que le invadió una gran paz”.

Estas experiencias también le suceden cuando escucha música clásica:

“Mientras el mundo lloraba la muerte de los atletas israelíes asesinados en los Juegos Olímpicos de 1972, la Filarmónica de Berlín tocaba las poderosas notas de este lamento en do menor [la Tercera Sinfonía de Beethoven] en el estadio olímpico, mezclando juntos nobleza y tragedia, vida y muerte. Durante unos momentos, me sentí elevado de mi concepción materialista del mundo hacia una dimensión espiritual indescriptible, una experiencia que me resultó realmente sorprendente.”

Una cosa que me ha gustado es que se plantea los problemas reales del mundo. Aunque no encontremos satisfactoria su respuesta, reconozco que al menos lo plantea, lo que es muy loable.

Para quienes argumentan que Dios en realidad es tan sólo un deseo, él contesta que el hecho que nosotros deseemos algo no implica que no exista. Por ejemplo, él había deseado una esposa amorosa, y existe; y el granjero desea que llueva, lo que hace que el siguiente chubasco no sea imaginario. Por esa misma regla de tres, según el autor, desear que exista un Dios no quiere decir que no exista.

Cuando habla del mal que, de forma evidente, existe en la Tierra; desde terremotos, tsunamis hasta la violación que sufrió su hija, concluye que “Dios es amoroso y desea lo mejor para nosotros”, pero que “quizá su plan no sea el mismo que nuestro plan”. Y que, además, que para un creyente debe ser un consuelo saber que “la vida es sufrimiento”.

Y con esta idea hay un párrafo de una experiencia personal:

“En mi caso puedo entrever, aunque vagamente, que la violación de mi hija fue un reto para que yo tratara de aprender el verdadero significado del perdón en una terrible circunstancia desgarradora (…) Ciertamente, mi hija diría que esta experiencia le dio la oportunidad y la motivación para aconsejar y reconfortar a otras personas que han sufrido esa misma clase de asalto.”

Hay momentos en los que sale su parte científica, pero rápidamente queda sepultada tras la religiosa, como cuando habla de los milagros, que es un punto interesante, ya que en un milagro se supone que la Naturaleza debe dejar de seguir las leyes que los científicos aceptamos como universales:

“(…) cuando se ha investigado cuidadosamente alguna supuesta cura milagrosa por parte de observadores colectivos, tales pretensiones han sido defraudadas. A pesar de esas reservas y de la insistencia en que las afirmaciones sean respaldadas por una abundancia de pruebas, no me sorprendería escuchar que ocurren curaciones genuinamente milagrosas en ocasiones extremadamente raras. Mi “a priori” es bajo, pero no es cero.”

Otro punto donde mezcla ciencia con religión es cuando habla del principio del Universo. Coincide con un astrofísico llamado Robert Jastrow cuando afirma: “Ahora vemos cómo la evidencia astronómica lleva a una concepción bíblica sobre el origen del mundo. Los detalles difieren, pero los elementos esenciales y los relatos de la astronomía y de la Biblia sobre el Génesis son los mismos (…)”

Y el autor comenta:

“Tengo que estar de acuerdo. El Big Bang exige una explicación divina. Obliga a la conclusión de que la naturaleza tuvo un inicio definido. No veo cómo la naturaleza se hubiera podido crear a sí misma. Sólo una fuerza sobrenatural fuera del espacio y del tiempo podría haberlo hecho”.

Respecto el diseño inteligente o el creacionismo se posiciona claramente en contra diciendo que ningún biólogo serio actual duda de la teoría de la evolución como explicación de la maravillosa complejidad y diversidad de la vida. Y por si fuera poco explica que la secuenciación del ADN, terreno que conoce perfectamente, proporciona un potente soporte a la Teoría de la Evolución de Darwin. A nivel de genoma, como un todo, un ordenador puede construir un árbol de la vida basadas sólo en las similitudes del ADN de las secuencias de varios organismos. Por otro lado, la Teoría de la Evolución predice muchas mutaciones que no comprometen a función alguna, o sea, las zonas localizadas en el “ADN basura”, que se irán acumulando en el tiempo; pero también predice que habrá pocas mutaciones en los genes que de las zonas de codificación, ya que la mayoría de esas mutaciones serán nocivas y sólo los casos ventajosos se conservarán en el proceso evolutivo.

Vamos, que los descubrimientos recientes de los genomas presentan un abrumador desafío a los creacionistas, ¿diseñó el creador todos y cada uno de los cambios genéticos? ¿está diseñando los actuales? Y si encima vemos que el genoma humano y el de los chimpancés coincide al 96% hemos de pensar en que estamos realmente muy cerca. Es muy difícil postular la existencia de ambas especies sin postular un ancestro común.

Explica muchos detalles que sólo la luz de la evolución explica, citando algunos pseudo genes; y también habla del gen FOXP2 del cromosoma 7 que dice que era estable en todos los mamíferos pero que tiene importantes cambios hace tan solo unos cien mil años. Piensa que puede ser la clave en el lenguaje de los seres humanos.

Pero que todas estas no quitan a Dios del escenario, pues las comparaciones no nos dicen qué es un ser humano ni lo que significa sino que “tan sólo muestra algo de la forma como Él funciona”.

Critica la postura de Richard Dawkins afirmando que, como la ciencia no puede probar ni refutar su existencia, entonces el ateísmo es otra forma de fe ciega, ya que adopta un sistema de creencias que no puede defender con la pura razón.

Coincido con él en que no está muy clara la diferencia entre agnosticismo fuerte y ateísmo débil. En una cena en 1881, Darwin estaba entre dos ateos y preguntó: “¿Por qué se consideran ateos?”, agregando que él prefería el término “agnóstico” de Huxley. Uno de los invitados respondió: Agnóstico no es más que un ateo ostensiblemente respetuoso; y ateo, un agnóstico ostensiblemente agresivo.

Según afirma, pocos agnósticos han reflexionado sobre las evidencias a favor y en contra de la existencia de Dios y que algunos de los que lo han realizado se han convertido inesperadamente en creyentes.

“No se puede usar la ciencia para desacreditar las grandes religiones monoteístas del mundo, que descansan en siglos de historia, filosofía moral y poderosa evidencia que ofrece el altruismo humano. Es el culmen del orgullo científico afirmar lo contrario.”

Su postura con respecto su idea del Universo es la “Evolución Teísta” y que es (por supuesto, según sus palabras) la posición dominante de los biólogos serios y creyentes serios y que es la concepción del mundo adoptada por muchos hinduistas, musulmanes, judíos y cristianos (incluido Juan Pablo II). Y que si Maimónides y San Agustín vivieran estos días también adoptarían esta postura. Se queja de la poca difusión que tiene dicha postura. Lo sabe por el google, ya que buscando Diseño Inteligente o Creacionismo sale en uno o dos órdenes de magnitud menos.

La Evolución Teísta se basa en la concepción científica del Universo pero aceptando que sus propiedades han sido afinadas con precisión para la vida y, por tanto, la evolución no requiere intervención sobrenatural. Los seres humanos somos parte en este proceso pero que somos los únicos que apuntamos hacia una naturaleza espiritual, lo que incluye el conocimiento de la ley moral (distinguir del bien y el mal) y la búsqueda de Dios, que caracteriza a todas las culturas humanas a lo largo de la historia. O sea, que Dios creó las leyes, eligió intencionalmente el mecanismo de la evolución y el mecanismo para que nosotros apareciéramos, el libre albedrío y que pudiéramos elegir desobedecer la ley moral. Propone llamarlo BioLogos. Esta teoría propone respuestas a las preguntas “¿cómo llegó aquí el Universo?”,”¿cuál es el significado de la vida?”,”¿qué nos pasa cuando nos morimos?”.

Posteriormente, hace una reinterpretación del Génesis diciendo que los textos bíblicos “parecen sugerir” que existían en otro momento en el que estaban Adán y Eva. Claro, si no, ¿de dónde surge la esposa de Caín mencionada sólo después de que el mismo Caín saliera del Edén para vivir en la tierra de Nod? Aquí los religiosos (incluido el mismo autor) discuten y buscan explicaciones por posibles incestos y demás; incompatible con la lectura del texto. Este dilema lo soluciona con una frase que vale la pena enmarcar: “Dado que un Dios sobrenatural puede realizar actos sobrenaturales, ambas opciones son intelectualmente sostenibles”.

Conocimiento innato del bien y el mal, aunque se puede ver oscurecido por malos entendidos. La ley moral nos habla a todos, independientemente en que estemos o no de acuerdo en sus orígenes. Partiendo de esa premisa nos habla de algo de bioética. Respecto al principio de la vida plantea diferentes versiones, descartando la del mismo momento de la concepción. Resulta que en el caso de gemelos idénticos que se desarrollan de un solo óvulo fertilizado. Ese sería el momento en que hay quienes ya lo consideran como “ser humano”; pero posteriormente el embrión se divide, con lo que pasan a ser dos personas independientes. La concepción de que el alma se define en el momento mismo de la concepción se encuentra en una grave dificultad.

Dice que los mismos que no responden esa pregunta desde el punto de vista ético tampoco responden con qué hacer con los embriones conseguidos vía Fecundación In Vitro (FIV). Tan sólo en EEUU existen cientos de miles de embriones congelados y almacenados. Llamémoslos “sobrantes”. Además, por otro lado, algunos de los que se oponen a la investigación en embriones humanos afirman que el bien moral de tener un hijo es tan fuerte que justifica el procedimiento. Entonces, ¿es justificable la investigación con esos embriones sobrantes? Por otro lado, afirma que la potencialidad de ser humano no es una excusa, ya que cualquier célula (incluidas las de la piel) pueden ser también potenciales seres humanos. No obstante, para él, una célula de la piel y un óvulo nucleado no llegan al estatus moral de un espermatozoide y un óvulo. Uno es una creación de laboratorio y el otro es “parte del plan de Dios” para crear un ser humano individual. El segundo lo ve bien, pero el primero dice que debería prohibirse bajo todos los conceptos (no dice si para él sería más persona una clonada de la forma no concebida en el “plan de Dios”).

Él mismo ve en peligro las decisiones de la gente que basa sus testimonios en los argumentos de su fe. Dice que los antecedentes históricos demuestran que los creyentes pueden usar y usarán su fe de un modo que Dios jamás pretendió, desplazándose del interés amoroso a la demagogia, el extremismo y la superioridad moral. ¿Ejemplos? La Inquisición, las brujas de Salem, los atentados suicidas islamistas, etc.

Resumiendo. Tiene una visión personal de Dios que no se corresponde con la ortodoxia eclesiástica, discrepando ampliamente en algunos momentos. Su dios lo encaja en aquellos huecos donde la ciencia no tiene nada que decir y admitiendo que ese Dios es capaz de intervenir en nuestra vida física, aunque no lo haga casi nunca, admitiendo la probabilidad de milagros, pero rechazando los dogmatismos que van en contra de la ciencia.

Recomendado para quienes gusten los libros que debaten entre ciencia y religión.


Título: “¿Cómo habla Dios?”
Autor: Francis Collins

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