24 abr. 2011

Kronos, siempre Kronos

“Cuando escuche la señal serán las once horas, diez minutos y cinco segundos”.

De todos es conocida esta forma de referirse al paso del tiempo, en ese uso diario que hacemos de él.

Sin embargo, y por muy familiarizado que estemos con ella, ¿significa que sabemos y comprendemos lo que es el tiempo en realidad?

Yo la verdad no lo sé. Más bien creo que no. Tengo para mí que en realidad, la respuesta a esa pregunta sobre qué es el tiempo, no le interesa a mucha gente. Y no. No le sabría decir el porqué.

De lo que sí tengo certeza es de que hay algo que nos preocupa a todos. Pero no está relacionado con el tiempo, sino con su paso (el tiempo irreparable huye). Con su discurrir. Con su temporalidad.

Con el intervalo de tiempo que transcurre entre distintos momentos nuestras vidas. En definitiva, es la cantidad de tiempo vivido el que importa.

Lo que no resulta menos inquietante que el propio concepto de tiempo, ya que no hay una forma única de medirlo.

Y es que existen distintas formas de temporalidad, o lo que es lo mismo, que no siempre vivimos el paso del tiempo del mismo modo.

Tal como lo veo, existen dos grandes categorías de tiempo.

Dos clases de tiempo. Tiempo subjetivo

Existe un tiempo que llamamos subjetivo. Es el tiempo del que decimos que nos parece que está lleno o vacío de sensaciones. Ése que transcurre unas veces con vertiginosa rapidez y otras con desesperante lentitud.

Y tengo para mí que no son expresiones vagas y triviales, sino formas vivenciales comprobables. Se trata de un tiempo psicológico del que, incluso, se pueden averiguar factores, condiciones y variables de las que depende el que discurra con lentitud o rapidez. Que nos resulte lleno o vacío.

Cómo no recordar cuasi eternas, las horas de estudio que permanecíamos en el colegio después de la jornada escolar. O lo espantosamente largos que nos resultaban los minutos que precedían a un regalo o a una fiesta.

O qué decir de esa noche del cinco de enero que nunca se acababa. Y por supuesto. Cómo no citar lo rápido que pasaban las vacaciones, o lo cortas que se hacían las tardes cuando nos divertíamos jugando.

Es el tipo de tiempo del que habla William Shakespeare:

“El tiempo transcurre con diversos ritmos en diversas personas.

Yo te diré con quién anda el tiempo, con quién trota, con quién galopa y con quién permanece inmóvil”.
 
Es un tiempo en el que, como por paradoja, coexisten de forma real el pasado y el futuro, pero no, en cambio, el presente.

Es muy probable que, todo lo que pensamos y vivimos, tenga significado para nosotros, por el mero hecho de que forma parte de nuestros recuerdos y experiencias (pasado).

También, quizás, porque constituya las esperanzas, anhelos y temores que abrigamos (futuro).

Y frente a todo esto, el momento presente se contrae hasta convertirse en un punto casi trivial. Ya se lo dije.

Dos clases de tiempo. Tiempo objetivo

Pero hay otro tipo de tiempo opuesto al anterior, que llamamos objetivo. Es el de los físicos, el de los astrónomos. Y su característica más esencial es la uniformidad de su discurrir, la constancia de su paso, el periódico valor de sus medidas.

Les decía opuesto porque, lo único real en este tipo de tiempo, es el momento presente. La fugacidad del instante que, en forma de punto, no reconoce sentido alguno ni al pasado ni al futuro.

Es el mismo tiempo que, según dicen, midió Galileo Galilei con el pulso de su muñeca cuando decidió determinar el periodo de oscilación de algo que colgaba.

Y por supuesto es el que marcan nuestros relojes analógicos o digitales electrónicos, con pequeños números que se iluminan en la oscuridad.

Parece evidente que ambas clases de tiempo, el objetivo y el subjetivo, el físico y el psicológico, se refieren a estados de cosas esencialmente distintos. Y que por tanto son conceptos que no deberíamos mezclar, si no queremos causar confusionismo o inducir a conclusiones erróneas.

No. No está acertado J. L. Borges cuando nos dice que el tiempo es la sustancia de la que está hecho.

Tampoco el clásico al afirmar que el tiempo no se mide con el reloj, sino con el aburrimiento.

No sé. Al menos yo no lo veo así.

Entonces, ¿qué es el tiempo?

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