13 oct. 2016

EL MÉTODO E.P.L.E.R

EL MÉTODO E.P.L.E.R
Guía de Apoyo para mejorar la Lectura


    

 

EL MÉTODO E.P.L.E.R

Para mejorar nuestra capacidad de comprensión lectora existe un método minucioso y detallado de la lectura, que es propiamente un verdadero método de estudio.
Se lo conoce como método EPLER, tomando las iniciales de sus cinco pasos.
Exploraremos ahora cada uno de esos cinco pasos:

1)    E: EXPLORACIÓN O PRELECTURA
2)    P: PREGUNTAS
3)    L: LECTURA
4)    E: EXPOSICIÓN
5)    R: REVISIÓN Y REPETICIÓN


1) E: EXPLORACIÓN O PRELECTURA: 


Hay un proverbio popular que dice que ‘para armar un rompecabezas se necesita primero la imagen completa’. Y una frase utilizada en la estrategia militar dice que ‘no hay mejor aprovechamiento del tiempo que el invertido en el reconocimiento previo’.
Cuando consultamos un plano para localizar la intersección de una calle con otra, no hacemos otra cosa que mirar el dibujo de una fotografía aérea. Es decir, nos ayudamos con la representación de una visión realizada desde arriba. El valor del reconocimiento previo estriba en que no recibimos la información “gota a gota” mientras leemos, si no que ya contamos con una visión de conjunto.

Como ocurre a menudo en la lectura convencional, cuantos más hechos, detalles y otra información intentamos cargar, menos asimilamos y recordamos. La prelectura está basada, por lo tanto, en un principio importante: el aprendizaje eficaz se realiza ‘del todo hacia las partes’.

La prelectura es un vistazo de reconocimiento. Con ella ganaremos tiempo evitando regresiones innecesarias, y lo que es muy importante, adquiriremos una visión global de todo el material.

Es increíble la cantidad de personas que olvida detenerse en las numerosas indicaciones que el autor, los redactores y el editor ponen en el libro para facilitar el recorrido de la lectura, para indicar las intenciones y las distintas direcciones y usos del texto. En general, el lector poco experto se lanza de lleno a la lectura como el conducto novato que, al tener miedo del tráfico, es presa del pánico y no ve las señales, no para en el STOP, sino que sigue adelante, empujado por el fluir de los coches y sin saber exactamente adónde va. Para cualquier excursión por la montaña usted confiaría en un mapa para estudiar los senderos más cortos o más interesantes que le llevasen a su destino. ¿Por qué no hacer lo mismo antes de afrontar esa tierra desconocida que es un libro nuevo?

Tratemos de descubrir ahora cuáles son esas señales que nunca hay que pasar por alto antes de decidir si leer o no un texto. Atención a:
ü  Los títulos
ü  Los subtítulos
ü  El índice
ü  La disposición de los párrafos
ü  La longitud de los párrafos
ü  El uso de la negrita o la cursiva
ü  Los esquemas o recuadros de recapitulación
ü  Las ilustraciones
ü  Las acotaciones
ü  La información sobre el autor que pueda figurar en  la solapa
ü  La información en la contratapa
ü  Las notas a pie de página

Todos ellos son espías luminosos que es absolutamente necesario aprender a interpretar y utilizar, para poder obtener más ventajas con menor esfuerzo. En efecto, en estas sencillas operaciones se invertirá pocos minutos, después de los cuales sabrá qué contiene el libro y qué le es útil, mientras que sería poco práctico ese cuarto de hora invertido en leer precipitadamente el primer capítulo, que le podría desorientar y no darle un panorama de la obra.

Al mismo tiempo, este trabajo preliminar permitirá acopiar los elementos, materiales complementarios y los libros de consulta que pueden necesitarse. Conviene también apreciar si se trata de un tema nuevo, o es continuación de otro ya estudiado. La toma de contacto debe durar sólo unos poco minutos, los suficientes para hacerse una idea del terreno que se va a explorar, y para completar la preparación del trabajo.

Será un recorrido ágil de la materia de estudio, en su totalidad, con el fin de localizar los conceptos e ideas fundamentales y las áreas de dificultad. Debe ser la ocasión para identificar las palabras desconocidas, así como los conocimientos que se dan por sabidos y, en principio, se tienen dudas sobre ellos. Hay que ir anotando unas y otros en un papel, para aclararlos luego. Esto es muy importante puesto que cada autor basa su exposición en unos conocimientos previos que supone en posesión del lector, y si éste no los posee, difícilmente entenderá lo que le están explicando. La primera lectura será rápida y de corrido, sin detenerse aunque algo no se entienda. En tal caso, conviene dejar al margen una señal a lápiz, por ejemplo, un signo de interrogación.
Inmediatamente después de la primera lectura, hay que aclarar las palabras desconocidas con ayuda del diccionario, y estudiar o repasar los conceptos que el autor da por sabidos. En ningún caso debe pasarse a la segunda lectura sin haber completado dicha labor, y ese será el fruto más valioso obtenido de la primera lectura.

2) P: PREGUNTAS:

En esta fase nos planteamos una serie de preguntas fundamentales acerca del texto que consideramos o creemos necesario saber responder después de la lectura. Podemos transformar en preguntas los encabezamientos y los títulos. 

Desde que se lee el título del capítulo o tema, o incluso en la etapa de exploración, se puede hacer una detención de un minuto para preguntarse: ‘¿Cuál será precisamente el contenido del tema que lleva este título?’, y conforme se vaya desarrollando la prelectura, formular algunas preguntas que puedan ser contestadas mediante una cuidadosa lectura del material. 

El poder de las preguntas estriba en que proporcionan objetivos inmediatos que hay que investigar, y no precisamente una idea general de lo que se va a percibir al leer toda la obra. Las preguntas pueden indicar lo que se debe buscar en cada tema, subtema o párrafo. También facilitan concentrar la atención en lo que se lee, ya que indican lo que hay que precisar a lo largo del estudio. 

Esta formulación de preguntas, además de despertar la curiosidad, estimula al lector a compenetrarse debidamente del texto. Son de mayor valor las preguntas formuladas por nosotros mismos, mucho más que las preguntas elaboradas por otra persona.

Los párrafos tienen su estructura interna, representada en la cohesión de sus acciones. Las principales "estructuras ejes" se pueden resumir así:

1) Estructura del asunto = E. A. Es la estructura para dar informes o para hacer narraciones o descripciones.
¿Cuál? = Hecho 
¿Cómo?
 = Desarrollo de los hechos 
¿Conclusión?
 = De los hechos

2) Estructuras de dificultades y soluciones
 = E. Di. S. Se presentan los siguientes elementos: Una tesis (idea, concepto, problema); una discusión (desarrollo, pros y contras); y una solución (conclusiones, moralejas, etc.).
¿Cuál? = Problema 
¿Por qué?
 = Análisis 
¿Discusión?
 = Pros y contras 
¿Qué conclusión?
 = Solución
3) Estructura de proposición y presentación = PROPRE. Expresa una afirmación clara y firme que el autor tratará de demostrar a fin de persuadir. 

¿Qué?
 = ¿Cuál es la idea? 
¿Cómo?
 = ¿Cómo la demuestra? 
¿Implicación?
 = ¿Convence?

3) L: LECTURA:

Conocida ya la extensión del texto y su grado de dificultad, se podrá decidir la manera de leer el material, si en forma rápida o más bien lenta, de acuerdo con la finalidad y la situación. Lo indispensable es no sacrificar la comprensión a fin de obtener el máximo provecho.

Esta es la fase propia de la lectura, que debe ser con el ritmo propio de acuerdo a la finalidad, haciendo una lectura general y buscando el significado de lo que se lee. En una sesión de estudio aquí introduciríamos el subrayado, las notas al margen, etc. 
Esta es también la fase de la comprensión propiamente dicha. Todo lo realizado previamente ha tenido como objeto dotarse de los medios e informaciones necesarios para facilitar la tarea. Se ha explorado el terreno en su totalidad y ya se sabe dónde van a encontrarse las dificultades. Ahora es el momento de enfrentarse abiertamente a ellas. La lectura debe ser concienzuda, pero sin perder de vista que el objetivo en esta fase es entender, por lo que no será necesario prestar demasiada atención a lo que esté perfectamente claro. Es conveniente tratar de adivinar el pensamiento del autor, es decir, lo que pretende explicar, su sistema de enseñanza, lo que considera más importante, etc. A tal fin, hay que fijarse bien en todo aquello que subraya, enfatiza o repite. Debe prestarse atención especial a los comienzos  de  los  capítulos  y  apartados, en los que suelen plantearse las ideas clave. Y también a los finales, donde es frecuente que figuren resúmenes y conclusiones.

La segunda lectura es una buena ocasión para poner en práctica todas las estrategias apuntadas (hacerse preguntas, explicar las cosas con expresiones propias, investigar todos los detalles, no dar nada por seguro hasta verlo con claridad, etc.). Para la señalización de los conceptos fundamentales, debe hacerse uso de las medidas apropiadas, como subrayados, encuadres, notas marginales, etc., pero sin abusar de ellos para que no pierdan efectividad. También es conveniente la lectura en voz alta, ya que facilita la asimilación.

En la segunda lectura se irán aclarando sobre la marcha algunas cuestiones dudosas. Otras, en cambio, requerirán volver sobre ellas para una consideración más profunda. A veces, leyendo más adelante, se aclara algo que antes no se entendía. Finalmente, quedarán algunos puntos sin aclarar, no siendo aconsejable porfiar demasiado en ellos en esta fase, aunque sí dejarlos perfectamente localizados.

El subrayado

El objetivo del subrayado es destacar las ideas esenciales de un texto. Posteriormente, al leer únicamente lo subrayado se puede recordar el contenido de dicho texto.
Las principales teorías psicológicas de la percepción humana fundamentan esta técnica, ya que está demostrado que la memoria se fija y recuerda más y mejor aquellas cosas que se resaltan.

¿Por qué es indispensable subrayar un libro para leerlo?

En primer lugar, porque así nos mantenemos despiertos, totalmente despiertos y no sólo conscientes.

En segundo lugar, leer, si lo hacemos activamente equivale a pensar, y el pensamiento tiende a expresarse en palabras, escritas o habladas.
En tercer lugar, el subrayado evita  tener que leer de nuevo todo el texto.
 
UN BUEN SUBRAYADO NOS COLOCA EL TEXTO EN TELEGRAMA, ahorrándonos tiempo y esfuerzo para la captación de su esencia significativa.

1. ¿CUÁNDO SUBRAYAR? 

Inmediatamente después de captar el texto. Si no, no sabrás qué remarcar.

2. ¿QUÉ SUBRAYAR?

Los puntos más importantes, los argumentos de mayor fuerza. Las ideas centrales, las Palabras-Clave. (Mucho más en lo humanístico que en lo técnico).

3. ¿CÓMO SUBRAYAR? 

Con remarcador:
Líneas ondulantes debajo, para lo esencial;
Líneas llenas, para lo secundario pero significativo.
Si quieres subrayar un documento que tengas en la computadora, en lugar de usar líneas ondulantes para resaltar lo esencial, puedes apelar (ya que los procesadores de texto no tienen la opción de líneas ondulantes) a la opción  doble línea.
Puedes numerar en orden los subrayados, para guiarte en el Resumen o en la confección del Mapa Mental.
Marcar las definiciones con flechas.
Si el libro no es nuestro, no podemos subrayar. Por eso, si tienes los medios, es conveniente comprarlo.

LO QUE NO DEBE HACERSE:  


Terminar subrayando media página o la mayor parte de la página.
Tampoco subrayar en la primera lectura, sin haber leído el índice, el prólogo, la bibliografía y la introducción.


EJEMPLO: SUBRAYE EL SIGUIENTE TEXTO

LA FILOSOFÍA
I
Etimología de la palabra
Si nos atenemos a la etimología de la palabra, la filosofía es muy fácil de definir: es el amor a la sabiduría.

III
Sentido de la palabra.
Pero, cuando abandonamos el dominio de la etimología y de la historia del vocablo, y tratamos de definir QUÉ es la filosofía, surgen las dificultades. Proceden no tanto de la variedad de acepciones que el término ha sufrido a lo largo de la historia, como de la profunda evolución que ha registrado en el seno mismo de la corriente aristotélico-tomista.

En primer lugar, Santo Tomás no podía admitir la concepción aristotélica. Para Aristóteles, en efecto, la sabiduría suprema es la metafísica. Pero, para un pensador cristiano, existe una sabiduría infinitamente superior: la teología, fundada en la revelación y en la fe, e por lo que el hombre participa de la misma sabiduría de Dios. Se impone, pues, la precisión de que la filosofía es la sabiduría adquirida por las solas luces de la razón natural. Por lo demás, Aristóteles nada hubiera objetado a este respecto, ya que así la entendía él, habida cuenta de que no tenía ni la más somera idea de un modo de conocimiento sobrenatural, trascendente a la razón.

Existe otra dificultad. Un filósofo tomista tampoco puede, en nuestros días, atenerse al concepto aristotélico-tomista de sabiduría, ya que ésta englobaba casi la totalidad del saber racional: física, matemáticas y metafísica. Ahora bien, del Renacimiento a esta parte, las ciencias se han desarrollado y diversificado infinitamente y, lo que es más importante aún, se han separado, a menudo con violencia, de la filosofía. Actualmente, a nadie se le ocurriría llamar sabios, en el sentido primitivo de la palabra, a un matemático o a un físico; y éstos se creerían insultados si se les calificara de filósofos. De este modo, se ha llegado frecuentemente a la oposición actual entre ciencia y sabiduría, reservando (un tanto abusivamente) el término ciencia para las ciencias particulares, ciencias exactas y ciencias experimentales, como se dice actualmente. Este hecho ha inducido a precisar que la filosofía es la búsqueda de una explicación del universo por las causas, principios o razones últimas, en el sentido de que no es posible ir más allá de dichas razones. Pero esta precisión fue ya formulada explícitamente por santo Tomás: ‘La sabiduría -dice- considera las causas primeras, la ciencia se detiene en las causas segundas o próximas’. (METAFÍSICA, 1, 1; N° 34). Así pues, se conserva la fidelidad no ya únicamente al espíritu sino también a la letra del tomismo, al distinguir entre ciencias y filosofía. El único cambio registrado consiste en extender el ámbito de las ciencias particulares más allá de las fronteras que santo Tomás les había asignado.

Creemos, pues, a fin de cuentas, que la definición de filosofía comúnmente aceptada por la escuela tomista contemporánea, es plenamente satisfactoria. Dicha definición reza así: la filosofía es el conocimiento de todas las cosas por sus razones últimas, adquirido con la sola luz de la razón natural.

Si se nos permite adentrarnos inmediatamente en los arcanos del vocabulario técnico, diremos que el universo es el objeto material de la filosofía, y que las causas últimas constituyen su objeto formal. Esto significa que la filosofía se interesa por todo lo que es, pero en cuanto comprensible por sus causas supremas; estas últimas son, pues, su objeto propio y principal.

Semejante definición de la filosofía nos parece válida para todas las filosofías. No cabe duda de la existencia de grandes divergencias acerca de la naturaleza de los principios que ellas proponen; para unas, por ejemplo la de Marx, es la Materia; para otras, como la de Hegel, es el Espíritu; y para otras aún, la Sabiduría (Spinoza), etc. Pero poco importa aquí que una filosofía sea materialista, idealista o panteísta, ya que siempre tiende a explicar el universo por sus causas supremas. Tal vez el único sistema de pensamiento excluido por esta definición sea el escepticismo, que hace consistir la sabiduría en la duda respecto de todas las cosas. Pero, dado que enseña las razones del dudar y puesto que las reduce a unos capítulos principales, también cabría admitir que el escepticismo busca las razones últimas de las cosas.

MÁS SOBRE EL SUBRAYADO

Te evita tener que leer de nuevo todo el texto. Pero cuidado: ¡algunos estudiantes subrayan todo! ¿Qué sentido tiene eso? Conviene acompañarlo con notas y señales al margen.

¿Cuándo subrayar?: Inmediatamente después e captar el texto. Si no, no sabes que remarcar.

¿Cuánto subrayar?: Lo esencial. Ideas centrales, palabras Clave. Mucho más en lo humanístico que en lo técnico, por supuesto.

¿Cómo subrayar?: Con remarcador; líneas ondulantes debajo, para lo esencial; líneas llenas, para lo secundario pero significativo. Puedes numerar en orden los subrayados, para guiarte en el Resumen y Notas o Cuadros. Marcar las definiciones con flechas. Si el libro no es nuestro, no podemos subrayar. Por eso es conveniente comprarlo, si tienes los medios.

La persona que aprende tiene que plantearse preguntas y planteárselas al autor, e incluso tiene que estar dispuesta a discutir con éste una vez que ha entendido lo que dice.

Existen diversas formas de anotar un libro de forma inteligente y fructífera. A continuación ofrecemos algunos recursos:
Como alternativa al subrayado de colores (que no es conveniente porque confunde más de lo que orienta), pueden utilizarse los siguientes códigos o símbolos:
? PARA SEÑALAR MATERIAL DIFÍCIL O DUDOSO: Se puede utilizar el signo de interrogación en el margen izquierdo.
N LO QUE NO SE DEBE VOLVER A LEER: Con el fin de no perder el tiempo leyendo informaciones erradas o ya superadas, utilizamos una N en el margen izquierdo, que significa negación (NO).
F LAS IDEAS PARA FICHAS: Las ideas que se desean conservar, las definiciones y demás datos textuales, se pueden señalar con una F (Ficha) en el margen derecho.
R PARA RESUMIR DESPUÉS: Para tener en cuenta las partes que se van a resumir, marcamos con una R (Resumir) al margen derecho.
C CONSULTAS: Para indicar las ideas que se deben consultar en diferentes fuentes se puede utilizar una C (Consultar), e indicar a continuación el material preciso para consultar.
ÉNFASIS: Un signo de exclamación para el acuerdo o la importancia.
+ PARTES A PROFUNDIZAR: Un ‘signo más’ para volver a ese punto y explayarlo con otros materiales, etc.
LÍNEAS VERTICALES EN EL MARGEN:
Para destacar un argumento concreto ya subrayado.
Para destacar un párrafo demasiado largo como para ser subrayado.

**** ASTERISCOS U OTROS SIGNOS AL MARGEN:
· Para destacar los argumentos o párrafos más importantes del libro. 
TIRAS DE PAPEL ENTRE LAS PÁGINAS:
· Se pueden colocar una o varias tiras de papel (aun de distintos colores); especialmente útiles son las que traen un pegamento débil. En cualquiera de estos casos, se podrá sacar el libro de la estantería y, al abrirlo por la página señalada, refrescar la memoria.

NÚMEROS EN EL MARGEN:
· Para señalar una secuencia de puntos realizada por el escritor, o por el propio lector, en el desarrollo de un argumento.
 
NUMERACIÓN DE OTRAS PÁGINAS EN EL MARGEN:
· Para indicar donde señala los mismos puntos el autor, u otros puntos referidos a los ya señalados o contrarios a éstos, con el fin de unir las ideas del libro que, aunque estén separadas por muchas páginas, pertenecen al mismo grupo.
· Muchos lectores emplean las letras «cf», que SIGNIFICAN “compárese» o «referido a», para indicar el número de las otras páginas.
 
RODEAR CON UN CÍRCULO LAS PALABRAS O FRASES CLAVE:
· Cumple prácticamente la misma función del subrayado.
ESCRIBIR EN EL MARGEN, O EN LA PARTE SUPERIOR O INFERIOR DE LA PÁGINA:
· Para señalar las preguntas (y también las respuestas) que pueda plantear un párrafo concreto.
· Para reducir una exposición complicada a un enunciado sencillo, para dejar constancia de la secuencia de los puntos más importantes del libro.

4) E: EXPOSICIÓN: 

El cuarto paso del método EPLER consiste en hablar  para describir o exponer los temas leídos. Cuando se termina de leer una página, conviene reformular la información que se ha captado. Al dominar la ejecución de esta etapa, tal vez se preferirá leer toda una sección o capítulo antes de detenerse para volver a repetir lo que se ha leído, y puede ser útil, al haber leído varias páginas, mirar el título del tema para recordar mentalmente lo que se ha mencionado en él. Si lo que se lee no tiene temas con títulos, entonces es buena estrategia subrayar los puntos importantes y éstos servirán para reconstruir el tema, en la imaginación y la memoria, tan completamente como sea posible. Al terminar la exposición, será conveniente volver a pensar en los puntos importantes para comprobar que se recuerdan suficientes detalles que abarquen los hechos mencionados en la descripción.

Conviene que este recordatorio se haga en forma verbal. Cada uno de nosotros con seguridad ha tenido la experiencia de pensar en algo y decirnos: ‘sí es una buena idea, sé todo sobre eso’, y más tarde, cuando empezamos a explicar la idea a otra persona, nos encontramos con no ser capaces de expresarla correctamente. Una idea vaga e incierta, que no puede explicarse con palabras efectivas y claras, tal vez no tenga ningún valor para nadie. Es claro que no se puede hablar de un asunto, si sólo se tiene una idea indefinida o confusa sobre el tema. Después de todo, la única forma de que disponemos para decir si podemos expresar con palabras un tema –por estar suficientemente claro en nuestra mente- es, precisamente, ¡expresarlo mediante palabras! Por lo tanto, hagamos precisamente eso.

En esta etapa de exposición también se pueden contestar las preguntas que planteadas anteriormente, y si es necesario pueden formularse otras preguntas más específicas, concretas o puntuales sobre el texto y su contenido. 

Incluso es aconsejable hacerlo por escrito; así este material se podrá utilizar más adelante. Algunas personas las responden en voz alta, y las retienen porque su memoria es auditiva; otras prefieren hacerlo por escrito.

Pero esta es una etapa a menudo descuidada, y sin embargo crucial, porque como decía Sherlock Holmes: "no hay nada que aclare tanto un caso como el exponérselo a otra persona..."

5) R: REVISIÓN Y REPETICIÓN: 

La revisión consiste en hacer un repaso del material leído, días después del trabajo realizado, cuando la mente se encuentra descansada. Dicha lectura debe ser en forma de salteo. Se ven los puntos que no quedaron claros y se completan las respuestas. Aquí, en una sesión de estudio, introduciríamos los esquemas y resúmenes.

Esta fase consiste, precisamente, en realizar un último esfuerzo para aclarar esos puntos oscuros que han quedado pendientes tras la segunda lectura. Como ya el tema estará muy trabajado, las dudas que queden serán muy concretas y podrá efectuarse una buena investigación acerca de ellas con ayuda de otros libros e informaciones. Si, a pesar de ello y después de un tiempo razonable, quedase todavía algún punto sin aclarar, es mejor dejarlo. A veces, el subconsciente sigue trabajando y, más tarde, puede aparecer la solución.

Pero conviene recordar que el repaso debería basarse en la meditación sobre el material que se está revisando, más bien que en pasar los ojos rápidamente sobre él. Los mismos conceptos que se han mencionado sobre la actitud y sobre la etapa que hemos llamado de Exposición, se aplican aquí. Cuando se repasa, se graba en la memoria y se comprende determinado material no porque los ojos lo vean por segunda o tercera vez, sino como resultado de lo que sucede cuando el cerebro vuelve a examinar el material completamente por segunda o tercera vez. 

La revisión y repetición es un paso imprescindible para retener lo aprendido hasta usarlo, es decir, para evitar el olvido. Para repasar, utilizaremos como material básico las síntesis confeccionadas por nosotros y, ante un examen tipo test, el libro.
Para repasar, usa como estrategias básicas la relectura de los libros y el recitado: expresar de viva voz y a nuestra manera lo estudiado, y luego comprobar con el texto la exactitud de lo verbalizado.

De acuerdo con la curva del olvido, hay unos momentos óptimos para repasar.

La programación de repasos secuenciales debe ser:
a) Repaso inicial: es el más importante de todos. Hay que hacerlo antes de que transcurran 24 horas de la memorización de un tema. El momento ideal es antes de irse a dormir el mismo día procurando dejar unos minutos de descanso entre el repaso y acostarse.
Seguiremos el siguiente procedimiento:
ü  Recitar lo estudiado durante el día.
ü  Comprobar en los libros la exactitud de lo expresado.        
ü  Releer lo olvidado y lo no comprendido (lo que nos cuesta expresar) en el original. No pierda tiempo releyendo lo sabido: insista, estudie lo suficiente hasta saberlo todo.
b) Repasos intermedios: se trata de releer las síntesis y los libros, de utilizar el material para evitar el olvido. Los momentos claves ideales son:
 
ü  a los 3 días del repaso inicial
ü  a la semana del anterior
ü  semanalmente hasta saberlo bien
ü  mensualmente una vez sabido.

Repasa
 buscando un conocimiento global, relacionando lo sabido con cosas nuevas.

 c) Repasos finales:
 Cuando se acerca el examen hemos de repasar en profundidad lo aprendido cuantas más veces mejor. Para ello, recite lo estudiado, compruebe su exactitud y relea, escriba, dibuje, etc. lo no sabido.

De cara al éxito en el examen hay 3 puntos fundamentales: comprensión de la materia, síntesis de la misma y repasos secuénciales; si estudia con verdadero interés, entiende perfectamente (lo explica con sus palabras) lo que estudia, lo sintetiza (asociando lógicamente las ideas) y lo repite en voz alta, conseguirá un conocimiento perfecto de los temas.


Repase, utilice el material tantas veces como le sea posible para llegar al examen con las mayores posibilidades de éxito. Como quiera que muchas veces se encontrará con un examen objetivo, tipo test, en que la respuesta ya está confeccionada y es unívoca (sólo hay una respuesta correcta), es más importante reconocer (saber qué alternativa es correcta) que recordar; para ello, es fundamental leer muchas veces todos los temas. 

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